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El Baño de Sangre en las Aduanas: La Mafia que “Claudia” no quiso ver

En Nación, Opinión, Política
abril 06, 2026

Siete cadáveres, un hilo conductor y el silencio de Palacio: Cómo el Huachicol Fiscal se convirtió en la caja negra del sexenio, donde los testigos desaparecen y el nepotismo manda.

La retórica oficialista nos vendió durante años que “la corrupción se barre como las escaleras, de arriba hacia abajo”. Sin embargo, en las aduanas de México, lo que se barre no es el polvo de la deshonestidad, sino los casquillos de bala de quienes intentaron asomarse al “elefante en la sala”: el Huachicol Fiscal.

Desde una perspectiva de ciencias sociales y análisis institucional, lo que ocurre en México no es una “transformación”, es una captura del Estado en su forma más violenta. Siete muertos con un vínculo común son demasiados para ser una coincidencia; son, más bien, la evidencia de una estructura paraestatal que opera con la precisión de una maquinaria de relojería y la crueldad de un cartel.

La cronología del horror comienza en mayo de 2024 con Carlos Narváez, un agente aduanal asesinado en pleno corazón de la CDMX. No fue el único. La metodología del silencio alcanzó a Magaly Nava, de la FGR en Colima, quien cometió el “error” de investigar a los hermanos Farías Laguna.

Fernando Guerrero: Marino y director de recaudación de aduanas. Avisó que salía de vacaciones; un mes después, en noviembre de 2024, su voz fue silenciada para siempre.

Abraham Jeremías: Encontrado muerto en Tamaulipas apenas tres días después de que el escándalo del huachicol fiscal estallara en la opinión pública.

Adrián Omar del Ángel Zúñiga: Un “accidente” en un campo de tiro en Sonora terminó con la vida de este capitán y testigo clave.

El Nepotismo como Eje del Poder

Para cualquier analista de derecha, el orden institucional y el respeto a la jerarquía son sagrados. Aquí, esos valores han sido pisoteados por el nepotismo más rancio. Los dedos apuntan a los hermanos Farías Laguna, sobrinos del exsecretario de Marina, Rafael Ojeda Durán.

Si el Estado de Derecho fuera la prioridad, la cercanía familiar con la cúpula militar debería haber activado protocolos de transparencia; en la práctica, parece haber funcionado como un manto de impunidad. Estamos ante una contradicción ideológica profunda: un gobierno que llegó al poder en 2018 prometiendo instalar una “izquierda moral” y que hoy, bajo el manto del lopezobradorismo que la actual Presidente de México Claudia Sheimbaum Pardo sigue protegiendo, parece gestionar una red de privilegios que envidiaría la vieja guardia que tanto criticaron.

“La responsabilidad del Trono”

“El Presidente de México tiene toda la información que se necesita”, solía decir el propio López Obrador. Bajo esa misma lógica metodológica, surge la pregunta incómoda: Si el Ejecutivo lo sabe todo, ¿por qué los testigos clave terminan en la morgue?, ¿Porqué Claudia Sheimbaum no ha movido un dedo?

Si el régimen es cómplice o simplemente “se hace de la vista gorda”, el resultado para la República es el mismo: la erosión de nuestras fronteras económicas y la entrega de las instituciones estratégicas a manos de una “verdadera mafia del poder” que hoy viste de guinda.

El “bienestar” que pregonan se queda corto frente a la realidad de las aduanas ensangrentadas. México no necesita más retórica de izquierda; necesita el imperio de la ley, la rendición de cuentas y una limpieza profunda de las estructuras que, bajo el pretexto de la soberanía, están alimentando las arcas de unos cuantos a costa de los mexicanos que día a día trabajamos y de la vida de los servidores públicos que denunciaron y otros involucrados en el desfalco más grande de la historia de México, que ahora, no podrán atestiguar ni enfrentar los hechos.